A menudo se supone que, en tiempos bíblicos, el jugo de uva fermentaba inevitablemente si se conservaba durante un tiempo, y que, por lo tanto siempre que la Biblia menciona la palabra “vino”, se refiere a la bebida alcohólica que hoy en día llamamos comúnmente “vino”. Sin embargo, las civilizaciones antiguas disponían de varios métodos para evitar la fermentación de la fruta y de sus jugos, y de este modo lograban disfrutar de vino no alcohólico (jugo de uva) durante todo el año.
1) Un método para evitar la fermentación consistía en hervir el jugo y reducirlo hasta obtener un almíbar que luego se podía diluir con agua.
2) Otro método consistía en hervir el jugo con una evaporación mínima y luego sellarlo inmediatamente con cera de abejas en frascos herméticos.
3) Secar la fruta al sol y luego reconstituirla con agua, añadir azufre al jugo o filtrarlo para extraer el gluten eran también métodos que impedían que el jugo fermentara.
4) Otro medio de conservación conocido por las civilizaciones antiguas era la práctica de hervir el jugo ya fermentado para eliminar el alcohol.
Refiriéndose a la reconstitución del jarabe de uva para hacer jugo, Aristóteles, nacido alrededor del año 384 a. C., escribió, “El vino de Arcadia era tan espeso que era necesario rasparlo de las odres de piel en las que se guardaba y disolver los raspados en agua” (Lectures on Bíblical Temperance [Conferencias sobre la templanza bíblica], escrito por Eliphalet Nott, p. 80). El poeta Horacio, nacido en el año 65 a. C., escribió, “No hay vino más dulce para beber que el de Lesbos; era como néctar… y no producía embriaguez” (Horacio, Odas 1.17).
“La Mishna (una colección de tradiciones judías orales) afirma que los judíos solían beber vino hervido” (Cyclopedia of Biblical Literature [Enciclopedia de literatura bíblica] escrito por John Kitto, vol 2, p. 447). Naturalmente, este vino estaría totalmente libre de alcohol como resultado de la ebullición, si no también por el método de conservación.
En su comentario sobre el evangelio de Juan, Albert Barnes escribió, “El vino de Judea era el zumo puro de la uva, sin mezcla alguna de alcohol. Era la bebida habitual del pueblo y no provocaba embriaguez” (Commentaries on John [Comentarios sobre el evangelio de Juan] por Albert Barnes). Y Adam Clarke, escribió, “De esto se desprende que, en la antigüedad, el vino no era más que el zumo exprimido de la uva sin fermentar. El saky, o copero, tomaba el racimo (de uvas), exprimía el jugo en la copa y lo entregaba al instante en manos de su señor. Éste era antiguamente el yayin (vino) de los hebreos, el oinos (vino) de los griegos y el mustum (vino) de los antiguos romanos” (Clarke’s Commentary, vol. 1, Génesis 40:11). Los comentarios de Clarke concuerdan con la Escritura que declara, “Así como alguien que halla un racimo con uvas jugosas, dice: ‘Esto es una bendición. No hay que dañarlo’“ (Isaías 65:8, RVC).